
" La justicia...nos la hará Don Corleone "
Nos encontramos ante una pantalla oscura y un denso silencio. Silencio que se romperá con una musiquilla de tintes italianos y una voz desconsolada que clama justicia para su hija. En la habitación Robert Duvall y James Caan asisten a la escena con distintos grados de interés, y tras una enorme mesa de roble encontramos a un Marlon Brando caracterizado como Don Vito Corleone que escucha impasible las súplicas del pobre Bonasera.
Es el año 1972 y Francis Ford Coppola inicia un proyecto que revolucionará el cine en general, y el género negro en particular, mediante la adaptación de una obra del novelista italoamericano Mario Puzo, nombre propio de la novela negra. Esa obra no es otra que el genial Padrino, parte de una serie de novelas sobre la mafia siciliana como Omertá, El último Don, Los Borgia o El Siciliano (ésta última se basa en la historia real de Salvatore Giuliano).
La novela homónima nos narra la historia del inmigrante siciliano Vito Corleone, un niño que se ve obligado a huir de la isla por culpa de rencillas con el capo local que desembocarán en sangrientas vendettas (un concepto al que deberemos acostumbrarnos desde el primer momento), pero la historia no comenzará por aquí. Todo empieza en una boda, la de la hija de Don Vito (esas palabras resonarán en generaciones de espectadores una y otra vez) en una enorme casa de campo en Nueva York, cuyos invitados son gente un tanto peculiar. Allí conoceremos a toda la familia: su mujer, sus hijos Sonny, Fredo, Constance, Michael y Tom, pero también a una serie de personajes siniestros que forman parte de su "otra" familia. Una familia encargada de los más turbios negocios en la ciudad de Nueva York que mantiene relaciones con otras 4 (conformando la famosa Comisión) así como otros clanes de distintos Estados (como el de Nevada).
La historia coge ritmo en cuanto descubramos el problema surgido con el traficanete Sollozo y la familia rival de los Tattaglia, que pretenden utilizar el aparato legal corrupto de Don Corleone para poder operar con el tráfico de drogas en una absoluta impunidad, algo a lo que Vito se niega rotundamente. Esa negativa desencadenará una serie de asesinatos que darán con el Don en una cama de hospital y su hijo Michael refugiado en Sicilia, en el pueblo natal de su padre, Corleone, así como su vuelta a la ciudad para ajustar las cuentas de la familia.
Es difícil afrontar la crítica de ésta trilogía por diversos motivos: el principal es la cantidad de elementos que hay para comentar. Uno de ellos, y el más importante, sería el concepto de "familia", fundamental para la historia dado que el imperio criminal que se nos plantea se estructura sobre ella. Pero es a la vez paradójico si valoramos la cantidad y entidad de las traiciones que se producen entre estos personajes, lejos de respetarse un código de omertá.
Otro elemento sería la cultura italiana, y más concretamente la siciliana, que impregna de detalles toda la historia (desde los favores que el Don debe satisfacer el día de la boda de su hija, hasta ese aire machista que olvida a las mujeres en la cocina, a pesar de que en no pocas ocasiones se desvelen como auténticas matriarcas). Éste último dato chocará frontalmente en la relación de Michael y Kay (Diane Keaton), una mujer feminista y educada de forma totalmente diferente.
Esto también será palpable en el viaje de Michael a Sicilia, respirándose ese aire romántico en todas las escenas. Unos escenarios naturales memorables, y la aparición de uno de los personajes más interesantes y efímeros de la trilogía, Apollonia.
Un tercer elemento que conviene no olvidar reside en sus personajes, que sin duda dan vida a la cinta: tenemos a Marlon Brando en la que es, a mi juicio, la mejor de sus interpretaciones, nada sobreactuado pero con un punto histriónico muy interesante. A este respecto, no hay que olvidar los miedos que sentían el director y la productora ante el que era, en ese momento, el más problemático e insoportable actor que podías encontrar en Hollywood, con sus numerosas manías y carácter conflictivo. Todo ello se esfumó de un plumazo cuando apareció en la audición del casting (que se le obligó a hacer para convencer a los productores de su compromiso) al que apareció con bolas de algodón en las mejillas. Es un personaje cuasi-místico, al que no se puede engañar, toma consciencia de todo lo que sucede a su alrededor, y posiblemente no se ha repetido en ninguna otra película de gangsteres posteriormente.
También tenemos a secundarios que son una delicia como Peter Clemenza (caporegime y antiguo amigo de Vito), Luca Brasi (principal ejecutor del Don) así como toda la amalgama de enemigos a los que deberán enfrentarse.
En el capítulo de personajes e interpretaciones tampoco debemos olvidar la genial actuación de Al Pacino como Michael Corleone, un hijo que debe abandonar todos sus valores, escrúpulos y educación norteamericana para tomar consciencia de que atacan a su familia, y a su padre, de tal modo que debe asumir responsabilidades en el sunto. Tomar las riendas de la familia y ostentar el mando.
Sonny, interpretado por un fabuloso James Caan, es otro de los regalos de esta película. El hijo violento llamado a ser el sucesor de Don Vito al que pierde su carácter. Nos dejará dos escenas memorables que pasarán a la historia de la gran pantalla: la primera es la emboscada en el peaje (no diré más para evitar spoilers) y la segunda será la paliza que le suelta a Carlo cuando se entera de que éste maltrata a su hermana. En relación a esto es curioso porque Coppola no era consciente de algunos detalles de la pelea (como el lanzamiento del palo de una fregona por parte de Caan nada más bajar del coche) que hace más creíble la escena.
El último personaje que quiero reseñar es el consigliere Tom Hagen, consejero personal de Don Vito e hijo adoptivo (de nacimiento irlandés, fue recogido de las calles por Sonny cuando eran niños), representa la vertiente racional de la familia, pero con Michael será apartado del cargo.
Por cierto, algo anecdótico, que el personaje de Johnny Fontane no está basado en Frank Sinatra, como muchos piensan, sino en el cantante Frankie Valli de los Four Seasons, que tuvo relaciones muy estrechas con la mafia.
El guión fue escrito entre Coppola y Mario Puzo, al igual que el de las otras dos partes de la saga, lo que dota a la historia de una mayor credibilidad con respecto a la idea original que dió forma a todo. Es por esto que la historia conserva un estilo romántico y épico que ya se inició en el libro, pero del que Puzo renegará desde el primer momento, asegurando que era todo parte de su ficción, y que en ningún momento hubiera disfrutado conociendo a un Vito Corleone en la realidad.
A decir verdad, hay alguna curiosidad en temas de reparto: por ejemplo, un jovencísimo Robert De Niro se presentó al rodaje para interpretar a Sonny Corleone, de modo que James Caan interpretase a Michael. Finalmente el papel de Michael recaería sobre un jovencísimo, e incluso novato, Al Pacino, y el de Sonny iría a las manos de Caan (en mi opinión no habría un Sonny mejor), pero esto no quiere decir que De Niro fuese olvidado durante mucho tiempo.
Por último cabe hablar de la influencia que nos ha dejado El Padrino en muchos ámbitos: el más evidente es el cine, sentando escuela sobre cómo se hace un buen cine de mafiosos, con personajes originales, una historia interesante que no se basa sólo en el día a día de éstos (en este sentido abandona el realismo documental o cotidiano propio de muchas películas sobra la mafia italoamericana), escenas de violencia explícita que no se tornan en casquería, etc. Pero no es descabellado señalar que nos deja una serie de perlas sobre cómo afrontar los negocios y las relaciones con nuestros rivales, recuerdo frases como "hay que echarse a las trincheras", "no es nada personal, solo negocios" o "ten cerca a tus amigos, pero más aún a tus enemigos", desplegando toda una letanía de sabiduría popular que influiría a no pocos.
En fin, si hubiese que resumirlo en una frase, no dudaría en calificar la trilogía de El Padrino como la joya de la Corona del cine negro.






